Hace un par de años, fui a una competencia de tiro donde las siluetas eran todas de metal. Era un verano caliente en Texas con temperaturas de más de 100 grados Fahrenheit y eran apenas las diez de la mañana.
Me fue bastante bien en el primer recorrido. Me sentí confiada porque estaba disparando con mucha precisión. Mi confianza rápidamente cayó al suelo en el siguiente recorrido que requería correr un buen tramo para llegar a la siguiente ubicación de tiro. En el preciso momento en que empecé a correr, sentí que el oficial del match me pateó en la pantorrilla, o eso pensé. Perdí la concentración y la precisión.
La realidad me golpeó como un trueno cuando intenté pasar a la siguiente posición de tiro. Me di cuenta, el RO no me golpeó, sino que se me había desgarrado el músculo de la pantorrilla y casi no podía caminar.
Frustrada y con mucho dolor, mi mente se enfocaba en los aspectos negativos de mi situación. Pensé en empacar mis cosas y salir del campo. El dolor se expandió rápidamente desde la pantorrilla a una buena parte de mi pierna. No podía caminar normal y mucho menos correr, lo que hizo pensar que lo mejor era irme porque igual de seguro iba a quedar de última en la competencia.
Soy una persona competitiva y el saber de antemano que tenía pocas probabilidades de obtener un buen lugar en la competencia fue desmotivador.
Mientras veía a otros disparar y divertirse, me empezaron a llegar pensamientos de determinación y fortaleza, esos que sabemos que tenemos dentro de nosotros, pero que a veces nos cuesta dejarlos salir. ¿Vas a dejar de competir cobardemente sin ni siquiera intentarlo? pensé. Sí, me dolía la pierna bastante, pero ¿es posible sobrepasar este reto y enfocarme en el lado positivo?
Fue allí que mis pensamientos dieron un vuelco de 360 grados, reconociendo que el reto era una experiencia de aprendizaje sin precedentes que debí aprovechar. Sí, una de mis piernas estaba herida y tenía dolor. Pero la otra pierna, mis brazos, mis manos eran capaces de continuar disparando, asi que no había excusa para no permanecer en la lucha.
En otras palabras, usar esa situación como entrenamiento mental para desenfocarme en el dolor y poner mi mente en lo que debo hacer no era un trabajo fácil. Pero, excelente oportunidad para fortalecer mi mente en situaciones difíciles.
Así que decidí terminar de seguir en la competencia y disparé en los siguientes cuatro recorridos. Me enfoqué en los fundamentos del tiro mientras intentaba bloquear el dolor y animarme a hacer lo mejor que podía. Terminar último se volvió irrelevante para mí. Todo lo que quería hacer era mantener mi concentración durante esa situación difícil y tener la satisfacción de haberlo logrado.
Para mi sorpresa (ya que solo podía caminar casi arrastrando la pierna), no quedé de última en la competencia, sino en el medio. Esto me demostró que enfocarnos solo en lo malo que estamos viviendo en el momento no es necesariamente malo, siempre y cuando seas capaz de reconocer lo positivo y buscar formas de sobrepasar el desafío.
Espero que mi experiencia te sirva de motivación para nunca rendirte.
