Hace unos seis años competí en un torneo de tiro práctico donde uno de los recorridos tenía objetivos agrupados a la derecha e izquierda de la cancha. Estaban escondidos detrás de paredes de madera contrachapada. El medio de la cancha estaba completamente abierto, donde había dos blancos de cartón altos separados por cuatro siluetas metálicas a unas veinte o veinticinco yardas.
Me preocupaba esta etapa porque los objetivos ocultos aparecían o desaparecían dependiendo de si me movía mucho o muy poco. Mis movimientos tenían que ser precisos.
Visualicé cada posición y cada objetivo oculto. Cada movimiento que hice en mi mente fue calculado, guiándome al centro del escenario. En ese momento, me recordé a mí misma que debía dispararle a las siluetas que estaban lejos. Continué mi ejercicio mental, visualizando en detalle las posiciones y objetivos restantes al otro lado de la cancha.
Me sentí orgullosa de mi visualización y preparación, ya que mi cuerpo y mi mente estaban sincronizados mientras corría la etapa. No hubo preocupaciones, vacilaciones ni dudas. Me sentí excelente, pero mi sonrisa se desvaneció cuando muchos en el squad me miraron con asombro, como diciendo “¿Qué hiciste?”
Me di vuelta y vi mi terrible error.
Disparé a todos los objetivos ocultos con precisión sin fallar ninguno. Sin embargo, solo disparé a los dos objetivos de cartón en el medio de la cancha, ignorando completamente los cuatro poppers frente a mí. ¿Cómo fue eso posible?
Esto es lo que pasó.
Di por sentado los objetivos lejanos durante mi visualización porque se veían fáciles. Entonces, cuando llegó el momento de disparar, mis manos cubrieron esos objetivos pequeños mientras disparaba a los altos, manteniendo las siluetas metálicas fuera de la vista. Como no los incorporé en mi visualización, mi cuerpo y mi mente se basaron únicamente en lo que podía ver.
Las técnicas de visualización son herramientas invaluables. Pero esta experiencia me enseñó que no todas las visualizaciones son beneficiosas o prácticas. Es posible que te ayuden en un área, pero no llegan a ser el factor decisivo para mejorar o ganar. El verdadero poder de la visualización reside en tu enfoque y en cómo aplicas eficazmente esta herramienta mental.
Sigue estos consejos.
- Dale a cada elemento esencial de tu desempeño el respeto y la dedicación que merece.
- Utiliza los elementos simples de su actuación como una catapulta motivacional que agregue valor a tu práctica de visualización.
- Visualiza los elementos difíciles de tu actuación con la confianza de un campeón. Como si nada en el mundo pudiera impedirte hacerlo excelentemente. Esa es la belleza de la visualización.
- Por último, puedes implementar uno o dos desafíos o problemas en tu visualización y tener un plan sobre cómo resolver el problema. Al hacer esto, te prepararás ya sea que tengas una ejecución limpia o algunos problemas durante todo el proceso.
Hasta la próxima!
